El controvertido escritor francés Céline, comparó alguna vez el estilo con el adiestramiento ecuestre, dijo que galopar es natural en los caballos, sin embargo hay que enseñarlos a trotar; esto significa que el escritor está obligado a conocer las leyes naturales del lenguaje y trabajar arduamente con ellas para obtener un estilo. Generalmente las novelas cuentan una historia pero el impacto que produce su lectura depende, en gran medida, de la capacidad para contarlo.

Recientemente he leído un breve relato que trasciende las categorías genéricas: Seda del italiano Alessandro Baricco. El autor define su obra de la siguiente manera: "Ésta no es una novela. Ni siquiera es un cuento. Ésta es una historia. Empieza con un hombre que atraviesa el mundo, y acaba con un lago que permanece inmóvil, en una jornada de viento." La narración de Baricco coincide con la idea que Céline comenta sobre el estilo: posee la extraña dificultad de la sencillez.

El personaje se dedica a comprar y vender gusanos de seda. Para conseguir las mejores especie viaja a Japón. Es 1861. De sus visitas al lejano oriente, Hervé Joncour no sólo traería una importante cosecha de huevos, también el misterio de una pasión. Seda es una historia de amor que se desvanece en la imposibilidad y la lejanía, pero que representa mucho más un romance, es un caudal de sensaciones, deseos y nostalgias que generan el extraño deleite de lo efímero.

En Seda de Baricco, además de preocuparse por la creación de atmósferas delicadas, constriñendo al máximo el lenguaje en un ejercicio de precisión narrativa, se reduce su historia a lo esencial, ofreciéndonos una lectura seductora y sorprendente que se sostiene en la fragilidad de su estilo. La aparición del libro fue en 1997, actualmente lleva veinte ediciones en español, lo cual es muestra de la gran aceptación que ha tenido.

En Seda de Alessandro Baricco impera un gusto por la sutileza semejante al oficio de su personaje. La narración se entrelaza soberbiamente como un esplendoroso tejido de seda, pespuntado por momentos de un erotismo sorprendente. El ambiente oriental y su contrapunto occidental ejercen una extraña fascinación en la lectura que sugiere la necesidad de volver a sus páginas para disfrutarla de nuevo.

Diego José